EL FIN DEL MIEDO
Gracias al que grita, al que se manifiesta, al que marcha, al que escribe pancartas, al que nunca ha estado de acuerdo, al que motiva a otros, al que le copia la idea y aun no sabe por qué, el que sin importar cree. Al que enciende el fuego, al que agita las marchas con sus ollas desde la ventana, a la señora que ha vivido tantos años de miseria y ve a los jóvenes que desde ahora se están armando en valor para hacerse escuchar. Gracias a los que permanecen en silencio, a los que comunican y transmiten la información, a los que oran, rezan y meditan, gracias a los valientes y a los que aun tienen miedo. Gracias a los que se mojan, gracias a los que lloran, a los que están heridos. Gracias a los que van de frente, por abrir el camino de los que quieren seguir pacíficos, gracias a los que se manifiestan con arte, con cultura, a los que se manifiestan juntos como familia. Gracias a los que abren sus ojos, a los que despiertan. Gracias a los que siguen luchando desde una camilla, y al medico y al enfermero, por sanar. Gracias por latir, por hacernos sentir.
Gracias muchas gracias a quienes nos hacen recordar que estamos vivos. Gracias a los injustos, ladrones, mentirosos, matones, gracias por llenarnos del miedo necesario, porque despertamos, porque ya no paramos y esperamos no parar. Porque esto no cambiará al que dirige lo que esta mal, esto anima a muchos que aun tienen miedo, que aún se paralizan, que aun no saben como, que aun se sienten esclavos, esto no cambia a uno, esto nos transforma a todos. Gracias.
A un policía le queda fácil obedecer, porque es su trabajo, pero quien desafía la obediencia por buscar el bienestar es un parado. Muchos los ha nublado lo que han conseguido con los años, y se sienten privilegiados por lo que tienen, pero se olvidan de donde vienen, del proceso, de sus antepasados, del origen, del campo, de los nativos. Dentro de nosotros corre la sangre de la lucha, del guerrero del campo. Se nos olvida que somos indios domesticados, disfrazados de clases, se nos olvida que somos pueblo, que somos de carne y hueso. Fácil justificar, criticar y ver cuando no es nuestra posición, difícil imaginar los distintos caminos y experiencias que han llevado a que todos tengamos tantas diferencias.
Aquí llamamos el humo solidaridad, en una cultura que nos ha enseñados que él que piensa diferente es el malo, el bandido. Que es malo vivir sin lujos, malo no tener un título, malo no tener oportunidad de educación, malo no tener el puesto de trabajo con contrato indefinido. Aquí todo tiene otro triste significado.
El bueno es el que reprime, el que roba con traje por ayudar solidariamente, el bueno es el que ha llegado muy arriba saltándose todos los procesos, el corrupto, el vivo, el que tiene un título, porque es “alguien en la vida”. El del super contrato porque viene recomendado, el que tiene el super puesto, el que anda con muchos lujos, y llama solidaridad a tomarse una foto con los mas necesitados. También le dicen bueno al que dice que todos son vándalos, por que ante todo el estatus y la decencia.
Por mi que acaben todo, que quemen todo y destruyan todo si es necesario. Pueden entrar en mi casa, puedo perder la vida si es necesario. Sólo espero poder ver como todo se vuelve a construir, como todo empieza de nuevo, como damos los pasos correctos para construir lo que soñamos. Porque es necesario comenzar de nuevo, la historia, la naturaleza, todo nos da el mensaje. Somos seres de esta naturaleza y es justo y necesario hacer lo que lleve al orden de nuevo de las cosas.
En el origen primero fue el caos